Jasy Jatere

Este niño-genio de las siestas calurosas que transita alegremente por las selvas y valles guaraníes, es el señor de las siestas campesinas.

De cabellos dorados y de ojos azules, tiene una gracia extraordinaria y una belleza que cautiva. Lleva en la mano derecha un bastón de oro que tiene poder. Si este cetro se le pierde desaparece su fuerza y se torna en niño lloroso.

JASY JATERE casi siempre anda invisible lanzando al viento un agudo silbido JASY JATERE es un duendecillo desnudo, simpático y travieso, cuyos rubios cabellos descansan sobre sus hombros, es amigo de los niños que vagan por los campos y espesuras en las siestas estivales. La gente del campo también le considera protector de las aves, de frutas silvestres y de los animales.

Mientras tanto, JASY JATERE trajina vigilando las frondas guaraníes y emitiendo en alas del viento su agudo silbido JASY JATERE.. . tere.. . tere...

Los antiguos habitantes de estas tierras aseguran que JASY JATERE se esconde durante la siesta en el hueco de algún árbol seco y desde allí lanza su silbido de diversos tonos, imitando a los pajaritos. Este silbido es mágico, porque cuanto más fuerte se oye, es cuando JASY JATERE está más lejos del lugar. Pero si su chiflido nos llega de leguas de distancia, hay que saber que JASY JATERE puede estar mirándonos la espalda.

Le gusta mucho la compañía de los niños. Para acercarse a ellos, a veces se desfigura en pájaro chochi por la siesta. Pía como esos pajaritos y come con ellos, y por eso es difícil saber cuáles son los verdaderos. Para pillarlo, hay que fijarse cuál es el más lento y mimoso, porque JASY JATERE suele hacerse el más manso de entre los pajaritos para cautivar al niño.

Este se acerca y cuando está a punto de atraparlo, el pajarito se le muda a otra rama, y el niño, sin darse cuenta se irá introduciendo en el bosque detrás de él. Cuando está lo suficientemente lejos de sus mayores, se le aparece JASY JATERE. Desde que ve al rubito, el niño no puede dejar de mirar sus ojos y lo sigue por donde quiera que vaya.

Con su encanto, JASY JATERE lo llevará de la mano hasta la profundidad de la selva donde le inventará los juegos que jamás imaginó el chico. En la cola de la camisa le cargará guavira, pakuri, guaviju, lima ombligo y espigas frescas de guembe. En los claros de los bosques, JASY JATERE se convierte en mariposa y abre y cierra sus alas acompasadamente con los capullos de las flores, para divertir a su nuevo amigo.

Montará con él en los tapires, en los jaguares y en los venados, o irán juntos a columpiarse en algún brazo de ysypo sobre la barranca. Los dos se vestirán del barro de la virtud y se volverán invisibles para meter el dedo en el nido de las abejas y chupar miel. Se burlarán del león y buscarán nidos de pájaros, y JASY JATERE hará surgir pichones de los huevos, con solo golpearlos con el bastón mágico. Así tienen más compañía para jugar.

Lo malo viene cuando a JASY JATERE se le ocurre darle un beso a su amigo en la boca. Aquel beso quema y destruye como el fuego. Ningún ser humano puede soportarlo. Entonces el niño pierde el habla y siente languidecer el entendimiento. JASY JATERE, al ver muda y sin risa la boca que besó, deja al amigo enredado entre las lianas del bosque, y él pasa de largo a buscar por el mundo otro niño para otro encantamiento.